Autobiografía
Mi nombre es Metzery Alejandra Mariscal Verdín, nací el 9 de abril de 2004 en Tepic, Nayarit, México. Fui criada por mis abuelos maternos, con quienes pasé gran parte de mi infancia. Mi madre, María Elena Verdín Díaz, originaria de Tepic, me tuvo a los 25 años; mi padre, Leonel Mariscal Cortez, es originario de Oaxaca. Soy hija única.
Recuerdo mi infancia como una etapa muy hermosa, gracias a Dios, nunca me faltó nada. Siempre estuve rodeada de amor, salud, gratitud y cosas buenas. Sobre todo, siempre estuve al lado de las personas que más quise. Mis abuelos me decían que yo era como una hija más para ellos, pues me consintieron en todos los aspectos. Ellos me enseñaron valores, el sentido de la vida, a disfrutar y agradecer por lo que tengo; a ser fiel a mí misma; a no preocuparme por la opinión de los demás cuando ésta no aporta; a ser independiente; y a reconocer lo que merezco, lo que puedo dar y lo que puedo recibir.
Hice el preescolar en la escuela “José Rosas Moreno”, ingresando con cuatro años de edad. Fue una etapa única, pues aprendí muchas cosas, habilidades motrices, lectura, escritura de palabras básicas, un poco de inglés; y descubrí mi gusto por la danza regional. Participé en varios eventos y presentaciones, gracias al baile me di cuenta de que me gusta participar en eventos y socializar. Nunca tuve problema en desenvolverme o conversar con la gente. Mis maestras comentaban que me ubicaba junto a ellas para recibir a los alumnos, darles la bienvenida, como también me interesaba lo que hacían los de niveles inferiores, me acercaba para aprender lo que ellos estaban viendo. Siempre participé activamente en los diferentes eventos del preescolar.
Cursé la primaria en la escuela “Ignacio Manuel Altamirano T.M.”. En esa etapa aprendí cosas nuevas y desarrollé habilidades académicas que fueron fundamentales para mi crecimiento escolar. Fue un periodo significativo, pues comencé a recibir diplomas y reconocimientos por mi desempeño académico y mis participaciones escolares. Tuve maestros de excelente calidad que me brindaron su apoyo, lo que me motivaba a mantener buenas calificaciones. Durante la primaria seguí practicando baile regional. En sexto año de primaria murió mi abuelo paterno, un evento que me dolió muchísimo; fue la primera partida que me impactó profundamente.
Cursé la secundaria en la escuela “Belisario Domínguez”. Al entrar al primer año tenía sentimientos encontrados, nervios, tristeza, ilusión al comenzar esta nueva etapa. Los tres años fueron muy enriquecedores para mí. Recuerdo con mucho cariño a una de mis profesoras, una persona muy culta, inteligente y con dominio de varios idiomas, quien despertó en mí el interés por aprender inglés. También me ayudó a conocer gente nueva, relacionarme con personas enriquecedoras y participar en cafés literarios, obras de teatro, conducción de eventos, etc. En ese tiempo comencé a preguntarme qué quería hacer realmente en la vida. En secundaria también participé en una planilla estudiantil, la cual resultó ganadora; me gustaba hacer cosas que generaran cambios y beneficios para los estudiantes. Gracias al consejo y apoyo de todos mis maestros, pensé si sería buena opción estudiar ciencias políticas, economía, y a la par, también me interesaba la gastronomía, pues desde pequeña me gustaba cocinar gracias a mi abuela materna, ella me enseñó recetas familiares. Al graduarme de la secundaria sentí nostalgia, pues había conocido muchas personas que aportaron cosas positivas a mi vida; siempre estaré agradecida por su apoyo, incluso aunque no hubiera sido consciente de que ellos serían tan importantes en mi futuro.
La preparatoria la realicé en la Unidad Académica 13. Fue una etapa de cambios enormes, importantes, impactantes y radicales. Durante los tres años aprendí muchísimo a nivel personal, emocional y mental. Al ingresar en primer año, las primeras semanas fueron provechosas, pero un poco después sufrí un accidente automovilístico, no tuve fracturas, pero quedaron cicatrices visibles una en la frente (en la cual se veía parte del hueso) con tres puntos de sutura, otra en el brazo. A consecuencia del accidente bajé mucho de peso. Me costó bastante trabajo recuperarme emocional y físicamente. Los médicos me decían que era joven y que todo quedaría como recuerdo, y yo trabajé en superarlo. Regresé a la preparatoria después de tres semanas de incapacidad. Mis compañeros me recibieron con afecto; siempre tuve presente el apoyo de mi abuela y de mi madre. Pero otra situación difícil llegó, la pandemia de COVID-19.
Durante casi toda la preparatoria estudié en línea. En su momento me quejé porque no me gustaba esa modalidad, pero hoy agradezco porque pasé momentos únicos con mi abuela; aprendí muchísimo con ella. En tercer grado volví a la preparatoria de manera presencial, justo cuatro meses antes de graduarme. Poco después, mi abuela materna falleció. Fue algo muy fuerte. Recuerdo que llegué a su casa llorando, le tomé la mano y deseé nunca soltarla; sentí un vacío inmenso. Cayeron en mí la depresión, la ansiedad, problemas de alimentación; me afectó en todos los aspectos. Durante un año pasé por esa situación. Mi madre, para motivarme, me inscribió en un curso de inglés para mantener mi mente ocupada. En parte fue útil, pero también sentía la presión de decidir qué carrera quería estudiar. Durante la pandemia hablaba con mi abuela sobre mis intereses; ella me decía que me dedicara a algo que creyera que pudiera cambiar o impactar en los demás. Fueron tiempos en los que algunas personas influyeron en la decisión, consideré ser maestra o estudiar psicología. Presenté examen para ambas carreras, fui aceptada en las dos, y finalmente decidí ingresar a la Normal Urbana.
Cuando ingresé a la Normal Urbana, seguía asistiendo al curso de inglés y trabajando en mí misma. Mi madre fue una de las principales personas que me apoyó y motivó, recordándome lo mucho que me gustaba participar en diversas actividades, ayudar a los demás, y que era capaz de lograr muchas cosas por mí misma. En esta etapa valoré muchas cosas, aprendí a agradecer lo cotidiano, día a día. Gracias a Dios, tuve nuevamente la oportunidad de relacionarme con personas que serían relevantes en mi trayectoria como normalista. Concluí mi curso de inglés, y gracias a ello obtuve mi primer trabajo formal como docente en un colegio. Comenzaron a presentarse oportunidades que nunca imaginé. Pero también perdí de nuevo a personas cercanas, lo cual me hizo cuestionar por qué estas pérdidas ocurrían con frecuencia. Fue en ese momento cuando comprendí que la vida consiste en disfrutar lo más que se pueda; al final del día, nada te llevas, nada es eterno, todo es pasajero. Un día puedes estar bien, al otro no, y prácticamente a eso vinimos, a ser nosotros mismos. Aprender que cada uno tiene diferentes propósitos; no aferrarse a lo que no puede cambiar; enfocarse en lo que verdaderamente importa; cuidar y apreciar lo que te rodea; jamás menospreciar a alguien; ser auténtica con metas claras, algo que siempre te mantendrá ocupada lejos de lo que no aporta. Estoy segura de que todo lo que ya he cumplido, y lo que aún está por cumplirse, es recompensa del sacrificio diario para generar un impacto en la educación; como maestra, deseo ayudar a los demás y ser siempre mejor.
Comentarios
Publicar un comentario